domingo, 6 de septiembre de 2015

Visita granadina.

Día 1:

Es curioso cómo una amistad parece que se forja "de la noche a la mañana", pero todos sabemos que nace con la complicidad: saber escuchar y apoyarse, aconsejando y sin juzgar, estando siempre al lado de los nuestros tanto en los buenos como en los malos momentos y bla, bla, bla.
Así fue cómo Alba y yo, a través de una simple red social como Twitter, hemos ido formando esta complicidad de la que hablaba, así que ella decidió venirse aquí para hacerme una visita. Por supuesto, le ofrecí mi casa de cabeza y fue así como a principios de verano se sacó los billetes para venirse el día 4 de agosto.

Cuando por fin llegó ese día, la mala suerte tuvo que hacer presencia; durante todo el día más el día anterior había hecho un temporal horrible en la isla. Tan horrible que, siendo para ella su primera vez viajando sola, tuvieron que cancelar el vuelo para luego tener que esperar a que les proporcionaran información sobre dónde ir, qué poder hacer, las posibilidades que la compañía de vuelo ofrecía... Por suerte le dieron un vuelo para el día 6 lo más temprano posible para fastidiarnos por la mañana. Lo tomó sin problema y, de hecho, el vuelo duró menos de lo esperado y no tuvo turbulencias.
La verdad es que yo no estaba nerviosa (y es raro). Simplemente tenía muchas ganas de verla y tenerla conmigo ya. En teoría tenía que salir por las puertas B o C, pero ella se fue a la quinta puñeta a la D, así que fui a grandes zancadas hacia donde se encontraba para que no se encontrara sola y, al vernos, nos fundimos en un buen abrazo, contentísimas y sin creernos que ya estábamos juntas.
Cuando ya estábamos en casa, simplemente diré que mi madre dijo: «os escucho y habláis como si os conociéseis de toda la vida»-. A saber cómo "cotorreábamos". Después de ponernos al día y de contarnos mil cosas, como era temprano, le di una vueltecita por los alrededores de mi casa aprovechando que es una zona tranquila. Unas horas más tarde, después de comer ambas con mis padres, fuimos a buscar a Sandra para ir al Palma Aquarium. ~

Las tres disfrutamos bastante y nos reímos muchísimo esa tarde. Volví a enamorarme de nuevo de los tiburones toro, Sandra de las medusas y de aquel pedazo de pulpo escondido... ¡Y nos hicimos una foto con un loro! Lo suyo hubiera sido que se lo hubieran puesto en el hombro de Alba, pero me lo pusieron a mí... Por otro lado, también les dimos de comer a las carpas japonesas (puse 1€ para que cayera una bola con comida de una maquinita), las acariciamos, intentábamos huir a toda costa de una niña repelente que no paraba de hablar sobre todo lo que veía (llevaba megáfono incorporado en las cuerdas vocales)... Incluso parecíamos tres niñas más en la zona recreativa que hay para niños.
Las tres, como niñas, encima de este tiburón blanco tan simpático.
Alimentando a las carpas. ~

Dejamos la zona de los tiburones toro para el final, hasta la hora del cierre, y las tres acabamos relajadísimas en aquella zona; hay cojines para sentarse mientras ves a esas pedazo de bestias descomunales esos animales tan impresionantes pasar a poquísimos centímetros de ti.
Una vez acabada nuestra aventura en el acuario, fuimos a casa de Sandra y no pudimos morir más de la risa. Vimos un anime capítulos del cual duran unos cinco minutos cada uno... Y no pudo ser más absurdo porque no podía. xDDD Se trata del anime Bonjour Koiaji Patisserie. Ya empezamos con la risa floja al escuchar que el opening empieza con un: Booooonjuuururuuuu ~♪ -, eso sin contar que no hacían un put* mísero pastel durante todo el curso y que luego parecía que se habían tomado tripis, porque no es normal que un postre se haga solo mientras los protagonistas bailan por el espacio con trajes medievales.
Vamos, la serie puro cachondeo: 120 minutos de mi vida entre malgastados y aprovechados por lo absurda que es y por lo que me reí con ellas. También cenamos de la cena de Sandra: unas croquetas de pescado de pollo muy ricas con patatas después de zamparme media tableta de chocolate que había en su habitaciónCOFF. Sin duda, fue un día diez.

Mañana tocará hacerle un tour mañanero por la ciudad de Palma, comer en el Ichiban (buffet libre japonés), más paseíto por Palma y dormir en casa de Irene.
Ya tengo ganas sabiendo lo bien que nos lo vamos a pasar.

¡Hasta mañana!

Resumencito de la visita. ~

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