martes, 17 de noviembre de 2015

The Legend of Zelda: Symphony of the Goddesses


Si algo puedo escribir aquí que merezca la pena es, sin duda, el viaje que realicé este fin de semana; ha sido inmejorable.

El 30 de mayo pasado, mi querida Sandra sacó las entradas para asistir al concierto de The Legend of Zelda: Symphony of the Goddesses que realizaban el día 14 en el Auditori Fòrum de Barcelona (el día 13 actuaron en el Palacio Vistalegre, en Madrid). Era la primera vez que iban a actuar en España y en absoluto quisimos perdérnoslo: creamos un grupo en WA para ir organizando todo (vuelos, alojamiento...).


Día 1:

Llegó el gran día, e hicimos el gran esfuerzo de dormir de 2 a 3 horas (o de no dormir, directamente) para vernos en el aeropuerto dicho sábado 14 a las cinco de la mañana, ya que nuestro vuelo salía a las 6:30. Tras pasar los controles sin ningún problema, nos tuvimos que recorrer prácticamente todo el aeropuerto para llegar finalmente a nuestra puerta (eso sin contar que no había ni un alma y daba un poco de "cosilla" pasearse por allí). La ida fue muy tranquila y en el despegue hubieron risas: en el avión empezó a sonar un "traca-trac, traca-tac" y Dani hizo como si estuviera en una carrera de caballos. *Risa* Nada, que el viaje se hizo muy ameno.
Como todos llevamos equipaje de mano, al aterrizar fuimos directamene a coger el tren para ir a la ciudad. En el trayecto, Sandra, Alber y yo jugamos un ratito al Tri Force Heroes. Al llegar, fuimos directamente al primer bar que encontramos para desayunar. De ahí, nos pateamos bastante ciudad hasta llegar a las administraciones de los apartamentos que habíamos alquilado. Nos permitieron dejar las maletas allí para poder darnos un paseo tranquilamente y sin parecer burros de carga (en los apartamentos podíamos entrar sólo a partir de las 14h, así que muchas ganas de caminar con peso encima no teníamos hasta esa hora). Una vez dejadas las maletas allí, dimos otra pateada para ir al Primark. Allí mismo nos reunimos con Jordi, quien sería nuestro guía ese mismo día. ~

Para ir haciendo más tiempo, nos pateamos tooooodo el centro comercial (en el Fnac que hay me pillé el 1er tomo del manga de Pokémon). El cansancio y el hambre empezaron a manifestarse en casi todos nosotros, así que, después de debatir durante un buen rato qué hacer y dónde comer, acabamos yendo "a piñón fijo" al Burger King.
Una vez repuestas las fuerzas, fuimos de nuevo, caminando, a las administraciones para coger las maletas y tarjetas de los apartamentos para ir a estos y dejar las cosas. Los chicos se asentaron en su campamento base y las chicas en el nuestro: Irene y yo aprovechamos para tumbarnos en la cama doble de una de las dos habitaciones; teníamos las piernas echas polvo. En un momento dado, tocaron a la puerta. Irene fue a abrir pensando que era Sandra, que volvía de estar con los chicos, pero era una chica que empezó a hablarle a Irene en inglés tan rápido que sólo entendió "kitchen". La chica entró, fue a la cocina, cogió no sé qué y se largó. Sí, así de random.
Tras descansar un rato, Jordi nos llevó, metiéndonos otra pateada del siglo otra vez, a una zona cerca del Arc de Triomf donde hay unas cuantas tiendas frikis (como aquel Norma de dos plantas). Quise comprarme algo para mí, como un peluche-llavero de un felyne del Monster Hunter que vi y me encantó, pero era todo demasiado caro y no quería gastar en caprichos... Hicimos tantísimo tiempo caminando durante ese día que Jordi llegó a decirnos que habíamos pateado prácticamente toda la Diagonal (¡logro desbloqueado!: patearse la Diagonal en un día). Acabamos en las Ramblas porque Sandra quería ir a una mercería a que le graparan en el cinturón cuatro de las máscaras del Majora's Mask que se había hecho. Así que nada, en resumidas cuentas, caminamos muchísimo.

Finalmente nos despedimos de Jordi y cogimos el metro para dirigirnos al Auditori Fòrum. Al llegar, nos impresionamos de la cantidad de cola que había, pero, afortunadamente, ésta era muy fluida. Eso sí, al llegar casi al principio nos dimos cuenta de que había otro sitio para entrar. No sé si era para los que teníamos cierto tipo de entradas, pero fuimos allí y pasamos directamente sin hacer más cola.
Una vez dentro y con el hype over 9000, las chicas fuimos deprisa y corriendo al baño para no levantarnos ni siquiera en el descanso. Luego, algunos de nosotros quisieron comprarse la camiseta y el póster que vendían (¡lástima que no hubiera un CD...! ;_; Esa espina la seguiré teniendo clavada). Tras localizar nuestros sitios (en la fila 8 del patio de butacas, un sitio genial), esperamos con muchísimas ganas a que empezara de una vez el concierto.

Y empezó.

Jamás existirán las palabras acertadas para describir todo lo que sentí y cómo lo viví. Nunca pensé que lloraría en un concierto, pero me equivocaba. Primero de todo empezaron tocando el tema principal del Tri Force Heroes y ya me emocioné muchísimo. Lo que hubo luego... Bff... Todos los pelos se me pusieron de punta, el vello de gallina... Sentí muchísima nostalgia, cariño, emoción (como que estaba tapándome la boca con las manos) y... sí, os sonará lo más exagerado del mundo, pero lloré. No a sollozos, pero las lágrimas no paraban de salir, y el nudo que se me formaba en la garganta por todo lo que la música y las imágenes me transmitían era grandísimo. La directora, Amy Andersson, era genial (al igual que su equipo, por supuestísimo) y en un momento dado nos mostró su batuta: idéntica a la batuta de Link en The Wind Waker; fue un auténtico puntazo. Por otro lado, estábamos todos tan emocionadísimos que, cuando empezaba y terminaba cierta parte memorable del juego, o bien cuando aparecía un personaje o escena importantes... Buaf, estallábamos en aplausos.
Por no levantarme, como dije anteriormente, no me levanté ni para el descanso. Adoré que le dedicaran un tiempo breve al Tri Force Heroes, que ns pusieran una secuencia donde se ven los lazos entre Link y Epona, que nos deleitaran homenajeando al Majora's Mask, al Twilight Princess, a The Wind Waker, a A Link Between Worlds, que salieran personajes de grandísimo peso para la saga... Me emocionaba cada vez que aparecía por fracciones de segundo mi diosa favorita, Din... ¡Si es que todavía se me sigue poniendo la piel de gallina hablando de ello y ya han pasado tres días! Esto no puede ser...

El concierto finalizó sobre las 23h. Lo primero que hicimos, tras coger el metro para pararnos por nuestra zona, fue meternos en el primer sitio donde hubiera comida: un mini-supermercado. Cogimos un par de pizzas y, hale, a los apartamentos a hacérnoslas.
Después de cenar, las chicas nos fuimos directamente a dormir. Era ya la 1 y algo, camino de las 2, y debíamos abandonar los apartamentos a las 11.
¡Estábamos ahí, donde el recuadro rojo! En ese momento no había acabado de entrar todo el mundo.
¡¡Dadle a la imagen para ver una buena parte del concierto!!
https://www.youtube.com/watch?v=bbMDf8J9wR8
 
Día 2:

Estaba tan reventada que pensé que me costaría despertarme, pero no fue así en absoluto: me desperté sobre las 8 y algo de la mañana. Aunque admito que hice un poco la croqueta. Escuché a Irene irse a la ducha y fue entonces cuando le pregunté a Sandra (dormimos juntas en la habitación de cama doble) si se ducharía ella, a lo que me respondió con un: Noo.. - ronco y de dormida. *Risa* Total, que me duché. Volvimos a desayunar en el campamento base de los chicos (puedo confirmar que el Laccao es mil veces mejor que el Cacaolat) y volvimos al nuestro para acabar de recoger lo poco que nos faltaba para luego echarnos un par de fotitos.
Después de abandonar los apartamentos, fuimos pateando hasta Plaza Cataluña (porque el mini-restaurante de ramen que encontramos estaba cerrado) y fuimos a una de las callejuelas perpendiculares a las Ramblas porque querían mirar tiendas de camisetas de grupos, pero era domingo y estaba todo cerrado, así que volvimos a la plaza para descansar ahí un rato. Vimos a un grupo de chavalines hacer una "cámara oculta" imitando a la gente que pasaba, vimos a gaviotas intentando cazar palomas, una mendiga se nos acercó a darnos una charla en un idioma que no entendía ni ella y para que le diéramos limosna... Lo normal. Tras eso, Sandra, Adrián, Cristian y yo fuimos al UDON YA para comer yakisoba. Luego fuimos con el resto al Pans&Company, que querían comer de bocata, y nos quedamos comiendo en el local.
Tras comer, cogimos el metro para dirigirnos al tren para ir al aeropuerto. Poco más y acabamos en Sabadell cogiendo la línea errónea. En fin. Llegamos a la estación, cogimos el tren y llegamos al aeropuerto.
Pasamos los controles sin problemas y estuvimos 2-3 horas pasando el tiempo sentados y dedicándonos a la vida contemplativa (o mirando a cómo jugaban al Tri Force Heroes) hasta que subimos al avión a eso de las 18h.
El comandante de vuelo fue a toda pastilla porque, no sólo llegamos a Mallorca en menos tiempo, sino que, cuando aterrizó, yo no sé cómo el morro salió ileso: el único golpe en seco que dio el avión al aterrizar fue de campeonato. Todos nos sobresaltamos. 
La hostia (con perdón) fue tal que los del principio, cuando empezaron a aplaudir por haber aterrizado, pararon al ver que nadie les seguía mientras Cristian también alzaba el brazo con el dedo índice levantado y diciendo: ¡No! ¡No! ¡No se lo merece!- Para luego soltar un: Seguro que, cuando el avión ha tocado tierra, al piloto se le ha escapado un «¡uy!»-. No me pudo entrar mayor risa floja por esa frase tan tonta, en serio.
De ahí ya salimos y cada uno se fue por su lado después de despedirnos. Y yo, al menos, me quedé con la ilusión de volver a repetir con ellos un viaje así.

Para acabar, darles las gracias a ellos. La compañía no ha podido ser mejor. A todos ellos les doy las gracias por permitir que disfrute de tiempo y de risas con ellos, así como pedirle perdón a Dani por hablar poquito (hablaré más la próxima vez, lo prometo). Por supuesto, muchísimas gracias a Jordi por tener que aguantar nuestras indecisiones sobre dónde ir o qué hacer y por meterse con nosotros las grandes pateadas.

A todos ellos, gracias. 

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